San Valentín - En los años anteriores siempre quedaba con amigas solteras para esperar a las parejas superenamoradas para mojarlas, tirarles piedrecitas "de amor" o gastarles otras bromas sin sentido. Suerte que, por alguna razón, no pasaban parejas por la zona donde esperábamos. Pero hoy mis amigas y yo ya no somos amigas. Y si lo fuéramos no quedaríamos para gastar las bromas de Bloody-Valentine. Quedaríamos para hablar, para recordar los viejos tiempos, para reír juntas. Y si realmente alguna de nosotras tuviera la idea de gastar bromas en contra de San Valentín, yo no podría participar. Porqué ahora yo también formo parte de la multitud de gente feliz - este año tengo pareja.
Y soy muy feliz. No quiero cambiar nada. Pero mientras otros años notaba el sabor amargo de la soledad en mi lengua, mi estómago y el corazón, este año noto el sabor amargo de la traición. Me he traicionado a mí misma y mis ideales. Juré que nunca me convertiría en una de esas parejas superenamoradas, que no habría mensajitos en trozos pequeños de papel en clase, que no habría la fecha del principio de la relación en ningún lado, que no habría otros nombres ni comparaciones con animales. ¿Qué queréis que diga? Me he traicionado...
Porque en medio de la clase siempre siento las necesidades de decirle cuánto le quiero, porque no hay nada mejor que cumplir nosecuántos meses con tu pareja y recordárselo a todo el mundo y porque hablar en el idioma de los gatos puede ser tan divertido. Mi esposa tiene razón cuando dice que me he vuelto muy dulce, más de lo normal. Porque según todos ellos, yo siempre era dulce. Pero he pasado el límite de siempre y no me volveré a reír de chicas que cambian el nombre de su pareja en el móvil por mi cielitu o mi gatito miaaau.
Sí, me gusta tener pareja, me encanta ser de alguien y tener su corazón. Pero una cosa continua igual: no necesito el 14 de febrero ni corazones de chocolate para demostrar mi amor. Primero, porque estoy en contra del consumismo y segundo, porque el amor no se puede demostrar. Y por mucho que diga que le querré siempre, hasta la muerte de mi pobre alma, nunca tendrá una muestra física de ello. Ningún documento le asegurará la persistencia de mi amor y la nuestra relación. Sólo tendrá mi promesa, tan fugaz como el sonido de las palabras te quiero, o como un no quiero perderte; algo de una durada tan corta como un beso robado en los últimos milisegundos antes de que se abran las puertas del ascensor; pero con un significado más profundo que los océanos y más fuerte que la luz del sol - algo que dura toda la vida.
Bien, ya no soy fría... ¿y qué?
No echo de menos a mis momentos de indiferencia total. Ahora echo de menos a la gente que quiero.
Y a los demás...
Feliz San Valentín...
PD: no et mereixo. Sento tant tot allò que vaig dir. No et vull fer mal. No sé què vaig pensar. Només sé que t'estimo, que et necessito i que no et vull perdre mai... (L)
PD: 08/12/08