30/6/11

La última copa

Tres años. Tres largos y bonitos años.

Hoy abandonaré definitivamente mi piso. Todavía hay mucho que hacer, mucha ropa que poner en cajas y bolsas, muchos objetos que recoger, muchos abrazos que hacer a las paredes vacías que durante los pasados tres años han sido mis fieles acompañantes. Si las paredes pudiesen hablar...

Hablarían de todas las fotos y dibujos que colgué en ellas el mismo día que llegué y que se fueron acumulando a lo largo de los años, de todas las canciones que les canté cuando nadie más escuchaba, y de todas las bolsas de patatas que me comí en épocas de exámenes. Hablarían de mis bailes de felicidad al saber de exámenes aprobados y buenas notas, de las lágrimas y gritos de desesperación cuando las cosas no salían como debían, de todas las frases de mis libros preferidos que repetí una y otra vez porque suenan tan bien cuando se pronuncian en voz alta.
Hablarían de las conversaciones con los compañeros, de todas las cenas de piso y las borracheras grupales, de las lágrimas cuando alguien se despedía para siempre, de la curiosidad que se siente por los compañeros nuevos. Hablarían de todas las noches de verano, cuando me dormí pegada a ellas para porque estaban agradablemente fresquitas. Y también hablarían de les noches de invierno, y se sentirían culpables por no haberme podido proteger lo suficiente del frío.
Pero sobretodo hablarían de mí, de mis temores, de todas las historias que todavía quiero contar y que sólo he contado a ellas, de mis planes para el futuro, de todos los lugres que quiero visitar, de mis esperanzas y mis sueños.
En honor a las paredes que forman mi querida habitación, con su asimetría rara que impide una distribución normal de los muebles, con su ventana y la persiana que no se puede subir del todo, y con su armario empotrado que tampoco cierra bien, me tomo la última copa.

Se acaba esta etapa de mi vida. A por un nuevo hogar y nuevas paredes que también llenaré de recuerdos y emociones.

13/4/11

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El papel en blanco. No hay nada que inspire más. Es el inicio de una nueva aventura, cuando empieza tu viaje y tienes todo el camino por delante. El papel en blanco es la oportunidad de expresión máxima. Consume ideas hasta que los límites del A4 pongan fin al proceso. Entonces llega otro papel en blanco, otra oportunidad. Vuelve a comenzar la aventura.
El papel en blanco es como un espacio vacío que el sujeto puede decorar a su gusto. Es la libertad absoluta. Un papel en blanco es como un cheque en blanco, un billete a un mundo libre. El papel en blanco es el mejor aliado de una persona creativa...


... o su peor enemigo.
Un papel en blanco puede llegar a ser el punto de máxima frustración cuando no quiere dejar de ser lo que es: un papel en blanco. Siempre suponemos que un papel se llenará automáticamente de ideas brillantes, razonamientos únicos y conclusiones válidas. Pero ¿qué pasa si esto no pasa?
Cuando queremos crear castillos y no llegamos a construir ni siquiera una pared nos hundimos en un agujero negro donde ni siquiera existen los castillos. Intentamos amontonar piedras para ver si creamos algo útil a partir de este conjunto, pero cuanto más lo intentemos, más abstracto quedará el resultado.
El papel en blanco nos traiciona. Nos promete una vida mejor para después apuñalarnos de manera cobarde.


Y sólo es un papel en blanco...